La implementación de los huertos urbanos ha ganado popularidad estos últimos años, tanto en países desarrollados debido a los movimientos en pro del medio ambiente, hasta en países en vías de desarrollo, como México, por mera necesidad. Y es que cultivar nuestras propias verduras, hierbas aromáticas e incluso frutas, es algo que hoy valoramos de gran manera pues tenemos la certeza de qué estamos consumiendo a la hora de comer.

¿Qué son? Sebastián Agusil, arquitecto egresado de la Universidad Iberoamericana con maestra en paisajista, nos explica que los huertos urbanos son “espacios al aire libre o al interior de nuestras casas que tienen como fin el cultivo de verduras, hortalizas, frutas, legumbres, plantas aromáticas o hierbas medicinales, entre otras variedades, a escala doméstica. Es una adaptación del huerto tradicional que se practica en el campo“. Por lo general, “esta práctica se realiza en las grandes ciudades“, agrega el arquitecto. En pocas palabras: son huertos situados en una ciudad. 

Actualmente se han convertido en una gran actividad para jóvenes y adultos pues resulta ser una alternativa sostenible para la producción de alimentos frescos, además de ser un pasatiempo de lo más relajante. “Los huertos urbanos surgen debido a distintos movimientos sociales que tienen la intención de reivindicar la cultura de lo natural en la que se respeta el tiempo de cualquier proceso o actividad“, finaliza Sebastián.

La historia asegura que los primeros huertos urbanos surgieron con la Revolución Industrial y se popularizaron durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, cuando las urbes británicas y norteamericanas los promovieron para garantizar el suministro de alimentos a la población sin depender de las importaciones. Hoy por hoy, son fundamentales durante momentos difíciles en que los alimentos escasean. De hecho, la misma ONU afirma que para avanzar hacia la erradicación del hambre en el mundo es necesario migrar del modelo de agricultura industrial a uno mucho más ecológico y local.

Entre los beneficios que ofrece tener un huerto urbano, encontramos:

  1. Fomenta hábitos alimenticios más saludables pues estaremos consumiendo alimentos orgánicos y libres de químicos.
  2. Satisfacción y gratificación por consumir nuestros propios productos.
  3. Es una alternativa económica pues, a la larga, producir nuestras propias hortalizas es mucho más barato que los precios que encontramos en el supermercado.
  4. Nos hace entender, valorar y respetar la naturaleza.
  5. Reducimos nuestra huella de carbono ya que los productos son meramente locales.
  6. Aporta beneficios a nuestra salud mental pues es una excelente actividad antiestrés; es divertida, relajante y saludable.

La pregunta del millón: ¿cómo hacer el tuyo en casa? Sebastián nos da algunos consejos y una serie de pasos para tener una huerta en casa coherente y que cubra nuestras necesidades.

Lo primero que debemos tener en cuenta es la organización pues hay que aprovechar al máximo el espacio, cada hueco es de lo más útil y puede ser adaptado para cultivar. Yo recomiendo seguir los siguientes pasos”. 

  1. Elige un lugar de tu casa donde reciba luz natural y directa la mayor parte del día. Si no dispones de un lugar así, también tienes la opción de cultivar en el tejado de tu casa o departamento.
  2. Escoge recipientes que te permitan introducir la mayor cantidad de sustrato. Además de las macetas, existen opciones como  mesas de cultivo, jardineras de madera, jardines verticales o las macetas textiles. 
  3. Utiliza sustrato orgánico que sean ligero, poroso y que retenga los nutrientes fundamentales. Una opción ideal es la mezcla de vermicompost con fibra de coco.
  4. Si eres principiante es mejor que comiences con los plantones. Deja las semillas para cuando tengas más experiencia.
  5. Adapta la forma de regar al tamaño de tu huerto. A mano si es pequeño o por goteo con programador si es más grande.

¡Y listo! Como bono, te diremos cuáles son los productos más prácticos para plantar en casa: perejil, romero, albahaca, menta, yerbabuena, tomates, pimientos, cebollas y la manzanilla.

 

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